Otra herida en el corazón

– Dios mío, ¡Cuánto los echo de menos! Hoy a las 6 de la mañana aquel espíritu de San Luis me ha despertado con suaves trompetas y un dulce clarinete al ritmo de Benny Goodman, y la bella Ella me ha acariciado con su voz tan tiernamente que ha logrado hacerme sentir en el Heaven. El viejo Louis me sonreía mientras cantaba y la sonrisa se le salía de la boca, «no te preocupes, amigo, vive el bouncing del momento», como diciéndome que todo aquello existió y yo lo viví.

– Pero si hay algo que echo a faltar con nostalgia y pena, con dolor de corazón profundo, que se infarta y se excita al mismo tiempo, es verles a ellos bailando, tan felices, tan contentos, tan espléndidos. Hoy les recuerdo a ellos, a Alex, a Nina, a Pati, a Jesús, a Andrea. Y a tanta gente más. Recordarles bailando, mientras las notas de swing juegan a pillarse entre los espacios que dejan sus piernas y sus brazos me resulta auténtico, y lo siento como una de esas cosas que me llevaré conmigo de este mundo cuando lo tenga que dejar. Me acuerdo de ellos riendo y me hacen sentir tan bien… ¡tan bien! y entonces me invade una nostalgia tan venenosa como cruel diciéndome que nunca volverán. Y es en ese momento cuando tengo ganas de llorar.

Aunque la alegre música swing que suena bajita en mi móvil me va secando las lágrimas antes de que salgan, y hace parecer que no esté llorando.

Pero ¡Qué días aquellos, señores! ¡Les hecho TANTO de menos!

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