Fugacidad

Cada vez más la vida se me antoja vertiginosa, fugaz, efímera. Las personas pasan por mi vida como si nada permaneciese y no logro retener nada entre mis manos. En dos años muchas personas para las que creía que yo era vital, importante… imprescindible… parece que se hayan volatilizado. Pilares que tenía por sólidos de mi pasado hoy no existen, no están en mi vida, se derrumbaron sin dejar casi ni el recuerdo, parece. En todos los casos sucede que es a mi pesar. ¿Dónde está la gente que me quería? me pregunta el corazón agarrotado. ¿Vivía mentiras? Maldito apego el que me desgarra por dentro, entonces, y el que hoy me sigue cegando.

Me obligo a perdonar su ignorancia sin encontrarle sentido, a sufrir en la silenciosa marcha; pierdo la fe absolutamente y tú sigues confiando en mí, acordándote de mí. Porque terminas volviendo siempre, siempre, incluso cuando estoy convencido de que no vas a volver. Me demuestras así cada vez que la pena lo vale porque en verdad no hay mayor gloria imaginable que sentirse amado por quien pareció no hacerlo. ¿Y por qué lo haces a destellazos? ¿Qué intentas? ¿A qué juegas? ¿Qué sentido tiene la fugacidad?

Tengo vértigo de la vida y últimamente a menudo. Es verdaderamente insoportable esta maldita levedad que a soledades me abruma.

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