Una educación incompleta, de Evelyn Waugh

Por fin terminé de leer la autobiografía, inconclusa, de Evelyn Waugh (1903-1966), autor británico de la primera mitad del siglo XX. Me ha costado lo suyo, no lo voy a negar. ¡Y no es que el libro sea malo, para nada! Waugh es una delicia escribiendo. Autor inglés, del final de la época victoriana, es una verdadera delicia cómo escribe. Pero se trata de una autobiografía, un género con el que no estoy nada familiarizado, un poco duro de leer porque la motivación por el personaje tiene que ser absoluta y yo no lo conocía. Este libro me lo recomendó un gran amigo que es maestro lector, cuando le sugerí que me recomendase alguna obra de este género.

En Una educación incompleta relata su infancia familiar y convencional, sus años escolares, su época de estudiante en Oxford y sus experiencias como maestro en una escuela de Gales.

La crítica dice de él que tuvo una escritura mordaz y estilizada, y su humor se caracteriza por ser negro y satírico. He leído que tuvo mucho éxito en el gran público en su momento. Dicen también que en muchas de sus novelas, como he comprobado en su propia autobiografía, refleja extraordinariamente la alta sociedad y la aristocracia británica de entreguerras, capturando el espíritu de una época -la victoriana- que duramente satiriza, siendo uno de los primeros críticos de la ausencia de valores de la vida moderna. (¡Vaya! Esto sigue sonando actual casi un siglo después). La obra de Waugh tuvo mucho éxito en el gran público y la crítica alababa su prosa estilizada y mordaz.

Transcribo aquí un breve fragmento, verdaderamente entrañable y conmovedor, que me llamó la atención; con el que cierra el capítulo en el que habla con tanto cariño, agradecimiento y respeto de su padre:

A lo largo de su vida adulta, mi padre nunca tuvo mayores aspiraciones, ni se dolió nunca por su falta de calidad. Su objetivo primordial, instintivo, por encima de todo lo demás, fue la construcción de un hogar.

Hubo ocasiones en las que me sentí inclinado a considerar que sus logros nunca pasaron de la vulgaridad. Ahora sé que la gratitud que le debo por la cálida estabilidad que supo crear, y que yo entonces sólo a duras penas lograba percibir, será más apreciada entre quienes no hayan tenido tanta suerte como yo.

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