Por qué no me creo nunca a las masas

Lo siento. De entrada dicrepo. No creo en las masas. Al menos no creo en las masas como ‘masas’.

Una masa de gente la identifico como confusa, caótica, impredecible, descontrolada y excesivamente emocional. Una masa no tiene líder y por tanto sin cabeza para actuar de forma responsable. Y cuando digo responsable me refiero a quién pedir responsabilidades. Una masa con líder se convierte en un movimiento: una cabeza que sabe hacia dónde caminar, por dónde dirigir al resto del ‘cuerpo’.

Es por eso por lo que no congenié con la masa del 15M. Comencé creyendo cuando una plataforma llamada Democracia Real Ya exigía precisamente eso de forma organizada un domingo antes de las elecciones. Una plataforma con la que comparto muchos -por no decir todos- de las reivindicaciones para las que se organizaban. Dejé de creer a lo largo de esa semana en la plaza.

Las masas son fácilmente manipulables por quienes saben hacerlo y tienen algún interés, y en ellas encuentran a menudo refugio para librar una lucha por imponer unas ideas, las suyas que creen más acertadas que las de los demás, de forma encubierta para sus propios intereses. Y eso no me gusta. Yo, mejor, a distancia.

No me creo a las masas porque no me producen ningún tipo de confianza ni seguridad. Y la confianza, la fe, es algo muy difícil de explicar pero  Para tener una seguridad real necesito un mínimo de confianza con las personas que me puedo encontrar al lado. La falsa seguridad que ofrecen las masas es lo que lleva a menudo a las personas a permanecer en ellas, a pesar a menudo de saber que en un momento de caos tendrá más peso el ‘sálvese quien pueda’.

Como una cosa no quita a la otra y el juicio que estoy haciendo no es moral, no dejo de destacar que los fines de las personas que participan en la masa, las ideas de cada individuo, pueden ser verdaderamente loables y justificadas. Lamentablemente, en las masas, tan heterogéneas como individuos la forman, cuentan siempre, siempre con personas descerebradas, siniestras o especuladoras que aprovechan el anonimato que les otorga el colectivo amorfo para llevar a cabo acciones que pueden llegar a perjudicar el buen fin general pretendido. El típico lanzar la piedra y esconder la mano, esta vez con la ventaja que le concede la confusión y el número.

Es por eso que, antes que conceder credibilidad a una noticia, venga de un medio de comunicación que hace eco de la misma o venga de una red social presente en el tiempo y lugar del suceso -que no por ser anónima estará menos parcializada-, me permito el derecho de cuestión y prefiero ponerlo en duda. Y es por eso que, en ocasiones, y en contra de la mayoría, procuro no emitir un juicio moral que demonice a una minoría sobre la que recaen el grueso de las críticas. El que lo sepa entender que lo entienda: aquí ni la policía es tan mala como la pintan ni los manifestantes a veces son tan inocentes ni transparentes como quieren parecer.

No creo que sea descabellado pensar pues que la masa sea además hipócrita, como masa. Pues si al final la masa es la suma de sus miembros dudo mucho que no haya ninguno que no sea completamente coherente en lo que manifiesta como masa de lo que hace como individuo.

Además, decía al principio, las masas se mueven por emociones, no por razones. Que es por lo que un colectivo que pretende reivindicar algo debería moverse. Y las emociones son sentimientos, sentimientos ante la realidad que nuestros sentidos son capaces de detectar. ¡Pero cuántas veces hemos descubierto que los sentidos a veces nos engañan! Si alguno de los participantes de ésta lo hace por razones al menos debe ser consciente de la motivación emocional que empuja al colectivo; hacia un paradero totalmente desconocido pues carece de orientación. Cuando un colectivo se mueve por razones deja de ser una masa porque encuentra en ellas la necesidad de organización para poder alcanzar una meta.

No olvido que, al final, todos formamos parte de masas de alguna manera pues las sociedades establecen sistemas de convivencia y es irreal poder vivir al margen; al fin y al cabo este planeta es limitado para los seres humanos. ¡Hasta el momento! Empezando por ahí todas las personas nos vemos alienadas en masas y masas a lo largo de nuestras vidas. Algunas veces lo elegimos o no nos interesa salir. Otras lo desconocemos o no sabemos identificarlas, por lo que sea. En cualquier caso creo que es un ejercicio sano ser consciente, crítico y no dejarnos llevar.

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