Cuando nos equivocamos

La razón nos baja la cabeza para que miremos que nuestros pies pisan el suelo, que es lo que tienen que pisar. El arrepentimiento nos arranca las lágrimas quizás amargas al principio. Lágrimas que limpian la cara y dejan salir el dolor hasta que agotado poco deja más por enjugar. Encontrar un hombro amigo regalado en un abrazo es lo que menos se puede pedir y más se puede agradecer en el susodicho momento. El corazón entonces pide turno de palabra, y juega, explotando, y hace hablar a la boca todo lo que hasta entonces no se atrevió a decir. O reconocer. Y así, de esta manera, al vaciarse, vuelven a encontrar el equilibrio cabeza y corazón, vuelven a ser una sola cosa al reconciliarse por el bien de la persona que habitan. Y es también cuando por fin las ideas vuelven a fluir, sinceras y claras, como agua que barre la pinocha seca hacia el lecho del río llevándose todo lo que hacía mal, todo lo que sobraba, restos de ideas apegadas como antifaces que cegando la vista nos hacían trastabillar no una sino dos y más veces con la misma piedra.

Como la calma que siempre viene tras la tormenta el cuerpo se relaja, los pulmones respiran mejor y más sosegadamente. Bocanadas de oxígeno que reaniman como el perdón que da el saberse un bendito humano que también tiene derecho a equivocarse. Deseamos enmendar de alguna manera el error ya que sin ese deseo no es perdón lo que reanima el alma. Es posible que no en todos los casos podamos. Un perdón que uno se acaba de empezar a construir pero que no tiene por qué ser instantaneo, algunas veces llevará un trabajo árduo, implicará disciplina… sin embargo hay meta de llegada. Es en la mayoría de ocasiones el más dificil de concecer por ir destinado a uno mismo.

Lloramos los valientes cuando necesitamos llorar y no por ello dejamos de ser valientes. Porque si somos valientes es por las veces que ya aprendimos a serlo a fuerza de superar otros momentos así. Porque nos sabemos poseedores del coraje que nos ha sido prestado por la vida. Tanto derecho tenemos a equivocarnos como deber de salir adelante.

Y es al fin, con los pies en el suelo, con los ojos limpios a base de lágrimas, con el corazón inmaculado por un perdón infinito que nos ha sido dado, con los pulmones llenos de aire fresco desintoxicante… con la cabeza-corazón en unidad y en paz mirando al mismo horizonte, utópico pero esperanzador, que alcanzamos sólo cuando caminamos y no estando parados… es al fin cuando la vida se manifiesta en su inmensa plenitud y nos alienta a atrevernos con los nuevos aunque insondables derroteros que nos depara el futuro. Deseando, nunca que vuelva lo que un día ya fue y murió, siempre algo nuevo por descubrir y una oportunidad para ser mejor. Ojalá pueda ser contigo, todos juntos ahora.

Cuando nos equivocamos acabo buscándote más.

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Un pensamiento en “Cuando nos equivocamos

  1. Deseando, nunca que vuelva lo que un día ya fue y murió, siempre algo nuevo por descubrir y una oportunidad para ser mejor…

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